Crónica de una Muerte Constitucional Anunciada ¡Feliz 109º aniversario de la Constitución! O lo que queda de ella. En este 2026, la cel...
Crónica de una Muerte Constitucional Anunciada
¡Feliz 109º aniversario de la Constitución! O lo que queda de ella. En este 2026, la celebración patria consiste en observar cómo la "cuarta transformación" termina de embalsamar a la Carta Magna. El plan maestro de AMLO, ejecutado con precisión quirúrgica por la presidenta Sheinbaum, nos trae una Reforma Electoral que es básicamente una "manzana envenenada": promete austeridad, pero su verdadero sabor es la hegemonía de partido único. Lo divertido es ver al Partido Verde (PVEM) sudando frío; esos parásitos profesionales se han dado cuenta de que, si eliminan los plurinominales y cambian las reglas, podrían pasar de ser las rémoras favoritas del tiburón a ser su aperitivo.
Mientras tanto, en el Senado, la tragedia griega tiene nombre: Adán Augusto López. El "hermano" tabasqueño pasó de ser el Darth Vader de la operación política a un apestado radiactivo. Resulta que tener presuntos vínculos con "La Barredora" y el crimen organizado, además de cuentas millonarias inexplicables, ya no se ve bien en el currículum, ni siquiera para Morena. Lo echaron de la coordinación como quien tira un mueble viejo, y ahora anda por ahí presumiendo que "sigue siendo hermano de Andrés Manuel", una frase que suena tan patética como un niño amenazando con acusarte con su mamá. Su protegida en Chihuahua, Andrea Chávez, también siente el frío, pues el alcalde Cruz Pérez Cuéllar le recordó amablemente que Adán "ya no vota" ni manda ahí.
Pero si de comedias de terror hablamos, los gobernadores morenistas se llevan el Oscar. En Campeche, Layda Sansores ha decidido que la democracia está sobrevalorada y gobierna como una dictadora bananera, peleándose con su propio Congreso y cantando (desafinada) en sus informes mientras el estado se hunde en deudas y pleitos. En Sinaloa, Rubén Rocha Moya sigue jugando a las escondidas con la seguridad, mientras el estado lleva más de 500 días de "narcoguerra" y la gente desaparece como por arte de magia. Y en la capital, Clara Brugada, mareada por el ladrillo de poder, sugirió un "pacto de silencio" a los medios para que le bajen a la nota roja. Su lógica es impecable: si no sale en la tele, los muertos no existen y la gente se siente segura por decreto. Luego dijo que "no dijo lo que dijo", pero el tufo autoritario ya había perfumado la sala.
En el ámbito internacional, estamos jugando a la ruleta rusa con Donald Trump. El gobierno mexicano insiste en enviarle petróleo a Cuba —disfrazado de "ayuda humanitaria" o venta comercial, dependiendo de quién pregunte—, lo cual es una forma brillante de invocar la furia arancelaria del Tío Sam. Mientras Pemex presume que bajó su deuda (aplausos grabados, por favor), la ONU advierte que la isla se colapsa, y México sigue inyectando crudo a un régimen que no paga, todo en nombre de una "soberanía" que se tambalea cada vez que Washington estornuda.
Finalmente, la cereza del pastel de la hipocresía: la Austeridad Republicana tiene límites, y ese límite es el frizz. Se descubrió que en el Senado reabrieron una estética exclusiva para legisladores, porque claro, no se puede destruir la democracia si uno anda despeinado. Tras el escándalo en redes, la clausuraron con indignación fingida, pero el mensaje quedó claro: austeros, pero con el alaciado japonés impecable.
En resumen: tenemos inversiones fantasma de 406 mil millones de dólares que nadie ve, gobernadores que parecen villanos de caricatura, y una clase política que celebra la Constitución mientras la terminan de enterrar en el patio trasero. ¡Viva México!